Arte y Religión: El Cristo Crucificado de Velázquez

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Hola y bienvenidos a este espacio, Arte y religión, el objetivo de los vídeos que vamos a realizar es conocer obras religiosas, es decir, cómo a través de la historia del arte se han intentado representar los misterios de la fe, conoceremos detalles interesantes de estas obras, de sus autores y sus épocas, un programa que apasionara a todos aquellos amantes del arte religioso. Y sin más presentaciones, nos adentramos con nuestra primera obra, el Cristo Crucificado de Velázquez

CRISTO CRUCIFICADO DE VELAZQUEZ
CRISTO CRUCIFICADO DE VELAZQUEZ

El Cristo Crucificado, pintada al óleo sobre lienzo. Se encuentra en el Museo Nacional del Prado de Madrid. Esta obra pictórica pertenece a la época del barroco del Siglo de Oro español. Fue realizado hacia 1632 por Diego Velázque, encargado como exvoto hacia 1632 por Jerónimo de Villanueva secretario de despacho de Felipe IV, lo destinó al convento madrileño de las Benedictinas de San Plácido que él mismo había fundado. A comienzos del siglo XIX pasó a ser propiedad de Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV, tras la muerte de su mujer la condesa de Chinchón, el cuadro fue regalado a Fernando VII quien lo entregó al Museo en 1829. Velázquez nació en Sevilla en 1599, tuvo como maestro a Francisco Pacheco, pintor y poeta. Durante sus primeros años en Sevilla desarrolló un estilo naturalista influenciado por el tenebrismo de Caravaggio. A los 24 años se trasladó a Madrid, llamado por el Conde Duque de Olivares, y allí fue nombrado pintor oficial de la corte. Así empezó una larga trayectoria como retratista de la corte. Tuvo un gran influencia de Tiziano y compartió taller con Rubens. Viajó un par de veces a Italia donde estudió las obras clásicas de los grandes maestros, su técnica, perspectiva, luz y sobre todo el color. En 1659 su gran reconocimiento se consolidó cuando le fue concedido el hábito de caballero de la Orden de Santiago. Vivió en Palacio durante treinta y siete años. Murió el 6 de agosto de 1660 en Madrid.

DIEGO VELÁZQUEZ
DIEGO VELÁZQUEZ

Sobre la composición del cuadro y su simbolismo podemos destacar 10 puntos.

1. Es patente en esta obra el gran estudio de anatomía humana que llevó a cabo Velezquez. Si atendemos a la obra vemos que el cuerpo presenta un escorzo, cargando el peso hacia la derecha, esto se puede apreciar más al fijarnos en la pierna izquierda más levantada que la otra y la cadera ladeada a la derecha. El cuerpo parece descansar sobre la cruz con un ligero contrapposto que elimina rigidez a la figura.

2. La cabeza esta caída hacia el lado derecho, haciendo que el pelo cubra el lado derecho de la cara y solo nos deje ver la mitad. Se puede apreciar una nariz recta, boca y ojos cerrados y una barba bien cuidada.

3. Varios hilos de sangre fluyen por las heridas. La sangre es bastante abundante en los pies donde baña el supedáneo y la cruz. La sangre brota de las dos manos abundantemente manchando el tablero de la cruz al igual que la sangre de los pies. También destacar la sangre que provoca las heridas de la corona de espinas que brotan por la frente llegando una gota hasta la nariz y otras que caen hasta el cuello y el pecho. La sangre que brota de la herida del costado aunque no copiosa llega hasta la pierna, manchando así el paño.

4. Velázquez pinta a Cristo crucificado con cuatro clavos. Esto se debe a la insistencia de su maestro Pacheco, que había definido extensamente la opinión de que Cristo había sido crucificado con cuatro clavos y no con tres como se solía representar en el gótico.

5. El fondo es oscuro con una tonalidad verdosa. En la limpieza que se le efectuó a la pintura en 1990 se vio que el fondo no era completamente negro, sino con una superficie de color verde oscuro. Que el fondo sea completamente oscuro hace que el cuerpo resalte en gran manera, aparte de la luz que emite el cuerpo.

6. La herida del costado nos muestra que Cristo ya está muerto, puesto que en el evangelio de San Juan se nos dice que uno de los soldados para asegurarse de que estaba muerto le atravesó con una lanza.

7. Hay que destacar también que no hay dramatismo en el cuerpo del Cristo, la sangre que fluye por el cuerpo es poca y tampoco tiene muestras de haber sido muy maltratado. Mirando pues el Cristo Crucificado, observamos que a pesar de narrar muerte y a pesar de tener un contexto dramático relativo a la devoción del crucificado, en la composición centrada en la figura del crucificado, están ausentes el dramatismo, la tensión o el sufrimiento que se podría esperar de la iconografía de la cruz. Parece tranquilo, dormido con ojos de perdón como dice Miguel de Unamuno en su poema sobre el Cristo Crucificado de Velázquez.

8. El nimbo que rodea la cabeza de Cristo y que desprende luz es un símbolo de divinidad. Pero también el hecho de que se nos muestre como hombre de carne y hueso nos da a entender la humanidad de Cristo.

9. El cabello que cubre el lado derecho del rostro de Cristo sirve para indicar que la cabeza de Cristo se ha inclinado hacia delante, como dice el evangelio de san Juan, acercándose materialmente al devoto.

10. La imagen del Cristo Crucificado esta sola enmarcada en un fondo negro, sin estar acompañado por la Virgen Maria, San Juan o Maria Magdalena. Y aquí quiero interpretar que quizás Velázquez quiso que el espectador se compadeciera, que viera la soledad del Cristo, que entendiera que el sufrimiento que Él había pasado era por sus pecados y que por ello debe arrepentirse.

CURIOSIDADES

1. La realización de esta obra se pone en relación con el clima de exaltación religiosa de la exaltación de la Cruz que se vivía en ese momento en España, debido a la profanación por parte de unos judeo conversos de origen portugués de un crucifico del que milagrosamente había manado sangre..

2. El paño blanco que cubre las partes púbicas es el paño de pureza o también llamado PERIZONA, viene del griego que significa alrededor de la cintura. Se dice que es el paño que utilizó Jesucristo durante la crucifixión. Esto aparece escrito en los evangelios apócrifos en el Evangelio de Nicodemo.

3. Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez, como he nombrado anteriormente, fue también suegro de Velázquez puesto que éste se casó con su hija Juana.

4. Pacheco, era también un gran defensor de clasicismo, y se percibe influencia de su obra en la cabeza inclinada de Cristo, en el uso de los cuatro clavos, ya comentado anteriormente y también que en según su tratado Arte de la Pintura el Cristo crucificado debía tener dos características: que fuera del tamaño real de un hombre y que estuviera muerto. Así pues, Velázquez puso en práctica todo esto imitando la composición de Pacheco en su obra: Cristo Crucificado. IMAGEN

5. El cartel situado en la parte superior de la cruz es un títulus que reza en hebreo, griego y latín IESUS NAZARAENUS REX IUDAEORUM, de acuerdo al texto de San Juan de Vulgata. Con un pequeño error, “NAZAEAENUS´´ en lugar de Nazarenus; Velázquez también cometió errores a la hora de transcribir al hebreo.

6. Velázquez solo pintó 6 obras de temática religiosa, después de su primer viaje a Italia fue cuando pintó una de las más importante de sus obras, nuestra obra, el Cristo Crucificado.

7. Sin embargo, Velázquez no se dedicó solamente a retratar al rey, príncipes e infantas sino también al personal del servicio, incluyendo entre ellos a los enanos y bufones. Este hecho deja constancia de la proximidad y el cariño que sentía Velázquez hacia todo tipo de gente, cualquiera que fuese su condición social.

Hasta aquí nuestra primera obra de arte, el Cristo Crucificado de Velázquez, y ahora unas consideraciones de carácter catequético sobre la crucifixión de Cristo.

1. La Iglesia, en el magisterio de su fe y en el testimonio de sus santos, no ha olvidado jamás que “los pecadores mismos fueron los autores y como los instrumentos de todas las penas que soportó el divino Redentor” (Catecismo Romano, 1, 5, 11; cf. Hb 12, 3). Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo (cf. Mt 25, 45; Hch 9, 4-5), la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos.

2. La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica san Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: “Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios” (Hch 2, 23). Este lenguaje bíblico no significa que los que han “entregado a Jesús” (Hch 3, 13) fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios.

3. Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10; cf. Jn 4, 19). “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 8).

4. La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redención definitiva de los hombres (cf. 1 Co 5, 7; Jn 8, 34-36) por medio del “Cordero que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29; cf. 1 P 1, 19) y el sacrificio de la Nueva Alianza (cf. 1 Co 11, 25) que devuelve al hombre a la comunión con Dios (cf. Ex 24, 8) reconciliándole con Él por “la sangre derramada por muchos para remisión de los pecados” (Mt 26, 28; cf. Lv 16, 15-16).

5. Este sacrificio de Cristo es único, da plenitud y sobrepasa a todos los sacrificios (cf. Hb10, 10). Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos consigo (cf. 1 Jn 4, 10). Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor (cf. Jn 15, 13), ofrece su vida (cf. Jn 10, 17-18) a su Padre por medio del Espíritu Santo (cf. Hb 9, 14), para reparar nuestra desobediencia.

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