Evangelio del día 10 de julio de 2016 (domingo, XV semana del Tiempo Ordinario)

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El Evangelio de hoy nos presenta la parábola del buen samaritano. Aquel quien no dudó en acoger y socorrer al hombre apaleado. Socorrió a su prójimo y por lo tanto sigue el mandamiento completado de Jesús ” y al prójimo como a tí mismo”.

Este samaritano es como la imagen que ha servido de algo para este año dedicado a la misericordia.
El buen samaritano -a imitación de Cristo- carga sobre sus hombros al hombre extraviado. El resultado de esta escena es el ejemplo de lo que ha de ser la misericordia.

Me gustaría detenerme en el aspecto “sintió compasión”. Compadecerse de alguien no es más que compartir y apiadarnos de él.
Pero no es suficiente con mirar con ” pena” al pobre de la calle. En esta mirada, la misericordia no se ha completado.
Se trata pues de detenernos y acoger la pena junto a él. Compartiendo su cruz, no sólo le mostramos la esperanza sino que nos estaremos acercando y sirviendo a Cristo.

La misericordia por lo tanto debe ser el ideal de vida de cristiano a la vez que sirva como credencial de nuestra fe.

Finalizó con Mateo 5,7 ” dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia “.

Mª Rosa S.Allely

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