Evangelio del día 12 de julio de 2016 (martes, XV semana del Tiempo Ordinario)

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Hoy vemos en las palabras de Jesús las advertencias hacia aquellos pueblos que no habían querido reconocer la Verdad y convertirse.
Esta advertencia es la que nos tiene que doler y provocar en nosotros las ansias de conversión.

Negar la existencia de Cristo es reconocer que el ser humano navega en el amplio paradigma de la necedad.

A menudo se ponen las esperanzas en lo inmediato, que es a su vez lo caduco. Todas estas ciudades que se nombran en el Evangelio de hoy tenían un denominador común: buscaron la grandeza, el “espectáculo” del milagro, pero no se detuvieron en la esencia del mismo y el mensaje que lleva consigo.

Ocurre igual hoy en día. Buscamos a lo grande algo que nos confirme, olvidando que en la pequeñez de las cosas está el milagro que Dios obra en nosotros: la vida.
Una vida que si queremos considerar eterna vendrá de la mano de la unidad de todos los pueblos que se alzarán en una sola voz reconociendo que Dios es Señor de todo lo creado.

Si por Él morimos, viviremos en Él.

Mª Rosa S.Allely

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