Evangelio del día 6 de julio de 2016 (miércoles, XIV semana del Tiempo Ordinario)

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Cuando decimos que Iglesia somos todos, estamos diciendo que formamos parte de ese colegio apostólico designado por Jesús. Él nos manda, nos guía para que tomándolo como ejemplo prediquemos el Evangelio.
Dios nos llama a trabajar ante situaciones difíciles, con personas alejadas, por su voluntad o por desconocimiento, de Cristo.

San Miguel de los Santos, festividad que celebrábamos ayer decía, que si las almas conocieran al Señor morirían de amor. Y esa ha de ser la labor del cristiano. En primer lugar dejarse enamorar del amor de Cristo, un amor que contiene en sí mismo la perfección; porque el amor de Dios espera, perdona y sana.
Y en segundo lugar, mostrar al prójimo la grandeza de este amor lleno de verdad y vida.

Si bebemos de la Misericordia del Padre podremos repartir Misericordia entre todas aquellas ovejas descarriadas. Porque lo que mueve a Jesús en todas las circunstancias es la misericordia.

La auténtica humanidad no es la que se aleja de Dios, al contrario. Es la que recorre caminos acercándose al enfermo, al hambriento, al pobre.
Por lo tanto, la auténtica humanidad cristiana es la que actúa, la que está llamada a hacer algo por designio de Dios.

Oremos para que Dios nos envíe y se sirva de nosotros como herramientas de trabajo.

MRosa S.Allely

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