Santo del día 7 de junio de 2016: Beata Ana de San Bartolomé

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Nació en Almendral de la provincia de Toledo, el 10 de octubre de 1549. Sus padres, Fernando y Maria, eran muy buenos cristianos  educaron cristianamente a su hija.

Gracias a su autobiografía, que escribió por obediencia, conocemos muchos detalles de su preciosa vida. Toda ella está transida de hechos sencillos y conmovedores en los que se aprecia el influjo que ejerció en su alma la gracia de Dios a la que no solamente no puso obstáculo alguno, sino que supo colaborar para que la obra saliera perfecta.

Cuenta ella misma que desde tan pequeñita que casi no sabía hablar ni entender, ya tenía un gran miedo al pecado y una gran pena por si podía perder la gracia de Dios. “Lloré, dijo en cierta ocasión, cuando apenas tenía cinco añitos, porque tengo miedo de pecar y condenarme”.

Al igual que la Santa Madre Teresa de Jesús, que le elegiría como su secretaria y enfermera nos contará las ricas experiencias místicas que el Señor obró generosamente en su alma. A los diez añitos quedó huérfana y sus hermanos mayores la encargaron de cuidar ovejitas. Lo hacía con gran cariño y entrega. Se cuenta que se le aparecía el Niño Jesús y pasaba ratos deliciosos jugando con él como si tal cosa. Hacía ermitas y altarcillos como los hiciera unos años antes en Avila santa teresa. Después escribiría Ana: “En todas partes se me mostraba el Niño Jesús y parecía que crecía conmigo”. esto le ayudaba a vivir continuamente en la presencia de Dios y a llevar una vida intensa vida de oración y de sacramentos. Pasaba horas pensando en Dios y ensimismada en alta contemplación.

Cuando cumplió los 21 años, sus hermanos la animaban a que contrajera matrimonio. Ella se resistía ya que decía que se había consagrado al servicio del Señor y que le había consagrado para siempre su virginidad. Pero tanto y con tantas razones la empujaban a formar un hogar que casi estuvo a punto de ceder su es que encontrase un joven muy santo, muy rico, muy agradable y que la ayudase a servir mejor al Señor. Mientras esto pensaba, se le apareció aquel Niño de hacía años, ahora ya en edad juvenil, mientras le decía al oído: Yo soy el que tú quieres y conmigo te has de casar y desapareció-

desde entonces ya sólo ansió consagrarse del todo al Señor en el estado religioso. Quiso ser carmelita del recién fundado convento de San José por la Madre Teresa de Jesús. Un hermano suyo quiso impedirlo y hasta casi la atravesó con su espada para obstaculizar su ingreso, pero por fin todos cedieron y el 1 de noviembre de 1570 ingresaba en la Orden la Virgen.

Ana se entregó de lleno a la vida del noviciado siendo modelo para las mismas profesas. Fue la primera freila que recibió la Santa Madre en su Reforma. Santa Teresa se vio obligada a frenar sus ímpetus de mortificación y oración por miedo a que enfermara y le dijo: “Hay que poner las cosas en su punto: cuando a orar, orar, cuando a dormir, dormir…”

La Santa Madre, para probarla en la humildad, hace como que no se da cuenta de las maravillas que el Señor obra en su hija predilecta y la ordena se entregue a los más humildes oficios: portera, cocinera, enfermera y le hace su misma secretaria y ella, que apenas sabía leer ni escribir, lo hace de modo maravilloso. Ana será quien reciba su último suspiro y Flandes. Trabajó siempre mucho por la Iglesia y por la salvación de las almas… Le había dicho al Señor: “Cuando me llevéis, que sea sin ruido. Fue el 7 de junio de 1626 en Amberes.

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