¿Por qué el atrapasueños no es para cristianos?
Muchos de los objetos que están de moda en los países occidentales, no son objetos neutros, como los atrapasueños, pues tienen una fuerte superstición que poco bien hacen al alma.
Los católicos debemos de impedir que estos objetos de dudosa, cuando no perniciosa, influencia entren en nuestros hogares. Hoy están de moda todo tipo de adornos y amuletos orientales que la gente los tiene por snobismo sin saber qué simbolismo encierran y cual es su influencia.
El llamado atrapasueños, en sus orígenes era un amuleto utilizado para evitar ciertas pesadillas en los niños. Por eso se colocaba sobre el lecho de los infantes. Pensaban irracionalmente que con este utensilio él niño no tendría pesadillas y podría dormir sin ningún sobresalto, aunque lógicamente es una superstición malsana sin ninguna base científica y que es contraria a la fe católica.
Para las culturas primitivas los sueños desempeñaban un rol muy importante. El atrapasueños es una especie de aro colgante, generalmente de madera sobre el que hay tejida una red parecida a una tela de araña, aderezada con plumas y minerales. Suele fabricarse de forma artesanal y se vende en los chiringuitos esotéricos o de new age. En cualquier caso un católico no debe entrar en estas tiendas esotéricas, pues es una prácticamente claramente condenada por la Iglesia.
La propia Iglesia recuerda que el primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.
La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición.
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